“No sé por qué siempre se piensa mal de los traductores y sin embargo todos estamos de acuerdo en que la literatura rusa es admirable”, dice Jorge Luis Borges, quien —por cierto— también era traductor. Pero es verdad: no es fácil traducir.
En Tres Tristes Tigres, una brillante novela habanera de Guillermo Cabrera Infante, aparece una historia intercalada que puede llamarse ‘La historia del bastón’, aunque el capítulo se entitula ‘Los visitantes’. La historia en sí es banal; no obstante, Cabrera Infante la cuenta cuatro veces de modo distinto. Dos veces leemos el relato en las palabras de un tal señor Campbell, un turista gringo en Cuba, y dos veces su esposa le corrige.
Las cuatro veces que se cuenta la historia, ésta se nos presenta como una traducción castellana de un original (inexistente) en inglés. La primera vez que el matrimonio Campbell echa el cuento, se trata de una traducción intercultural, de una cultura a otra: el lenguaje fluye, y todos los juegos de palabras en inglés, todas las referencias a la cultura norteamericana desaparecen. El traductor hace una versión limpia y agradable para el lector de lengua española.
En cambio, los otros dos textos se manifiestan como textos feos e inacabados: hay notas al pie de la página diciendo que no se puede traducir lo que dice el original, hay un montón de anglicismos, hay frases traducidas tan literalmente que ya no se entiende la estructura gramatical en español etc. Es una traducción intracultural: se queda dentro de la cultura gringa del original.
Poeta y malandro
Claro que no existen traducciones perfectas —y menos de textos literarios. Cabrera Infante nos muestra dos extremos, y ninguno de los dos logra satisfacernos. O bien perdemos la gracia y las ambigüedades del original, o bien nos vemos confrontados con un texto torpe, cicatrizado visiblemente por el acto de la traducción.
Por lo tanto, quizá sea lo más sensato pensar en una traducción intermedia: intracultural cuando es posible, intercultural si es necesario.

Nathaly Mora se ocupa del peinado de Simon Horsten, quien interpreta el papel de François Villon.
Escrito por prosoponetius
El dos de junio de 2010 – o sea: el miércoles que viene – se presentarán en la discoteca merideña El Hoyo del Queque varios textos del poeta francés