Testimonio de Adriana

abril 28, 2010

Desde muy joven hago teatro y voy al teatro a ver las obras que se presentan en los teatros de mi ciudad, el lenguaje expresivo del Prosopon et Ius siempre me llamó la atención. Sus puestas en escena, la fuerza de sus actuaciones, la calidad  de los textos que se representan y por supuesto la naturalidad en esos desnudos, siempre me impresionaron. Hasta que hace tres años tuve la oportunidad de trabajar con este grupo, haciendo el papel de Ismene, en la pieza ‘Antígona’, que aún se representa. No se puede pretender ser actriz de teatro, si en el trabajo que se hace para la creación del personaje, no se expone lo más intimo de eso que llamamos piel. En ese sentido el desnudo facilita la desinhibición y nos permite establecer una conexión más sincera con el rito teatral.

Hacer desnudo no es fácil, en primera instancia pareciera resultarnos muy complicado aceptar nuestro propio cuerpo, para hacerlo hay que asumir esa estría que tenemos en la piel, hay  que poner en duda prejuicios sociales y enfrentar terribles miedos. Si una lo  logra, estará rompiendo con estereotipos de conducta codificada y dando un paso para una actuación auténtica y natural.

Cuando actúo  desnuda, el estremecimiento de mi piel delata mi compromiso emocional con las situaciones del personaje. El cuerpo tiene sus propios signos físicos ante la acción emocional. No nos comportamos de la misma manera, cuando estamos desnudos o cuando estamos vestidos. El desnudo es una situación extrema de carácter actoral, situación que integramos a las situaciones extremas de los textos clásicos que representamos. De alguna manera cuando me desnudo en un ensayo, estoy haciendo un sacrificio ante mí misma, para que aflore esa parte desconocida y sorprendente de mi misma.

Adriana Márquez
actriz de teatro y de telenovela, locutora merideña


Testimonio de Alí

abril 26, 2010

Cuando me desnudo en un ensayo, me siento felíz, quisiera pasar todo el día en un teatro, desnudo ensayando; lástima que tengo que ganarme la vida porque, injustamente, del teatro no se puede vivir. Digo injustamente porque un mundo civilizado, sin teatro no sería posible, es la capacidad de representación, la que nos permite a los humanos entendernos con nuestras emociones.

Alí Azacón, ensayando para la obra y el personaje de Ricardo III: "Quisiera pasar todo el día en un teatro, desnudo ensayando."

Cuando era niño vivía en la isla de Margarita, mis padres me enviaban a la escuela, pero yo me escapaba y me iba al mar y desnudo me bañaba, eran momentos de gran plenitud, los recuerdos más gratos de mi infancia.

En los ensayos me olvido de las mezquindades cotidianas y me entrego a ser otro, el personaje que asumo de cuerpo desnudo para luego vestirlo según sus características. Ser otro es una posibilidad permitida en este mundo visible, nada más que a los humanos. De manera que desnudo, abandono condicionamientos e inhibiciones y me siento todo un ángel teatral. Soy entonces un actor en ejercicio de su libertad.

Alí Azacón
actor y promotor teatral


Testimonio de Simon

abril 25, 2010

“Quítense la ropa”, “desnúdense” son órdenes que a menudo se oyen en los ensayos de Prosopon et Ius. Si se lo contamos a alguien ajeno al grupo, de inmediato surgen las preguntas. ¿No es un poco extraño cuando no están montando nada del Marqués De Sade? ¿Qué tiene que ver eso con el teatro? ¿Por qué los artistas siempre tratan de llamar la atención con semejantes irreverencias? Y a veces alguien sugiere con voz susurradora: ¿serían aquellas órdenes el producto de la mente perversa del director? Seguro que cada uno de nosotros dispone de un lado perverso, pero afortunadamente la perversidad queda lejos del teatro de Prosopon et Ius.

Entonces, ¿por qué los desnudos? Primero que nada, es importante destacar el hecho de que hay dos suertes de desnudos: el desnudo en el escenario, frente al público, y el desnudo en los ensayos. Aquél se considera supuestamente más funcional y aceptable que éste, de modo que aquí sólo hablaré del segundo. Leer el resto de esta entrada »