
Desde muy joven hago teatro y voy al teatro a ver las obras que se presentan en los teatros de mi ciudad, el lenguaje expresivo del Prosopon et Ius siempre me llamó la atención. Sus puestas en escena, la fuerza de sus actuaciones, la calidad de los textos que se representan y por supuesto la naturalidad en esos desnudos, siempre me impresionaron. Hasta que hace tres años tuve la oportunidad de trabajar con este grupo, haciendo el papel de Ismene, en la pieza ‘Antígona’, que aún se representa. No se puede pretender ser actriz de teatro, si en el trabajo que se hace para la creación del personaje, no se expone lo más intimo de eso que llamamos piel. En ese sentido el desnudo facilita la desinhibición y nos permite establecer una conexión más sincera con el rito teatral.
Hacer desnudo no es fácil, en primera instancia pareciera resultarnos muy complicado aceptar nuestro propio cuerpo, para hacerlo hay que asumir esa estría que tenemos en la piel, hay que poner en duda prejuicios sociales y enfrentar terribles miedos. Si una lo logra, estará rompiendo con estereotipos de conducta codificada y dando un paso para una actuación auténtica y natural.
Cuando actúo desnuda, el estremecimiento de mi piel delata mi compromiso emocional con las situaciones del personaje. El cuerpo tiene sus propios signos físicos ante la acción emocional. No nos comportamos de la misma manera, cuando estamos desnudos o cuando estamos vestidos. El desnudo es una situación extrema de carácter actoral, situación que integramos a las situaciones extremas de los textos clásicos que representamos. De alguna manera cuando me desnudo en un ensayo, estoy haciendo un sacrificio ante mí misma, para que aflore esa parte desconocida y sorprendente de mi misma.
Adriana Márquez
actriz de teatro y de telenovela, locutora merideña
Escrito por prosoponetius 