Visita a la Escuela del Profesor Briceño Guerrero

manuel briceño guerrero

Presentación para una utopía

Por Carlos Danez

La publicación de esta utopía de la arquitecto Meline Aneliza Uzcátegui Coleman,  es parte de nuestro homenaje, a nuestro maestro José Manuel Briceño Guerrero, quien nos inició en el insondable ritual de la representación teatral. Para los seguidores de esta página que desconocen la relación del Prosopon et Ius con José Manuel Briceño Guerrero, les apuntaremos que el maestro fue  en vida un sabio,  cuyo discurrir de crisopeya natura, significó un aporte para las ciencias políticas, la literatura, la filología,  la filosofía y las artes.  Su copiosa obra se encuentra enteramente publicada, sin embargo fue su trato personal una suerte de secreción carismática, la que nos insufló esa ígnea fascinación (χάρισμα) por  la virtud poética, que procuramos encontrar en la creatividad del lenguaje.  Para   José Manuel Briceño Guerrero la posibilidad liberadora y trascendental de América Latina, no estaba en la política; sino en el teatro, que por su naturaleza provista del fuego prometeico, mediante el desarrollo de sus lenguajes, procuraría un acercamiento de los hombres a su consciencia, lo que nos haría portadores de nuestro destino.

Solía develar la physis (φύσις) humana, en su significación enmascarada y nos enseñó a jugar en el antiguo rito del reconocimiento apolíneo – dionisiaco (teatral) del conocimiento de sí mismo γνῶθι σεαυτόν.   El grupo de teatro Prosopon et Ius (Sendero de las máscaras) se inspiró en estas enseñanzas para  procurar su método de acercamiento íntimo, donde indagamos la natura  patológica de los humanos (actores y personajes) durante el juego de la puesta en escena, para concluir en que si un actor durante el montaje no transformaba su plomo emocional en oro poético, su trabajo en la puesta en escena sería un rotundo fracaso, pues no se produciría la mudanza de la sustancia vital del texto al público presente; en una suerte de catarsis aristotélica, ampliando la conciencia de los participantes del rito teatral.

No sólo durante el proceso creativo de laboratorio y ensayos de la pieza abordada, solíamos recurrir a sus consejos de los que nos fiábamos, también estudiábamos la pieza que íbamos a poner en escena tanto en el idioma original como en su sentido filosófico y teatral. Lo hacíamos durante sus seminarios. El viejo, como lo llamábamos cariñosamente, en el sentido del que más sabe, solía impartir sus conocimientos mediante seminarios de filosofía, mitología, teatro y literatura, así como en el estudio de lenguas antiguas: Griego, hebreo, latín, sanscrito y hasta egipcio y chino mandarín. Lo hacía incansablemente en las residencias los Caciques (edificio Tiquire) de la avenida universidad  y en su casa de La Pedregosa.

La presente utopía de la arquitecta y fotógrafa Meline Aneliza Uzcátegui Coleman, surge a partir de su impresión de una escuela o seminario de formación de filólogos, intelectuales y artistas que expresan un sendero de conocimiento hasta la autenticidad. Encontraremos en este trabajo imaginativo acerca del seminario del maestro Briceño Guerrero, la vitalidad de su hacer y la presencia de algunos de sus hacedores.

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Maqueta de la Posible Escuela del Profesor Briceño

 

 

Visita a la escuela

  por Meline Aneliza Uzcátegui Coleman

  El profesor dijo hace unos días que una sola cosa buena le había dado yo: que le regalé haber imaginado cómo sería el lugar ideal para él trabajar. Yo me propuse diseñar una escuela para él. Era un trabajo académico, con mucho trasfondo simbólico y teórico para poder sostenerlo, juegos interpretativos que con 22 años me dispuse, de todo corazón y con toda mi disciplina, a hacer.

 

Maqueta de la Posible Escuela del Profesor Briceño

 

 

Usé como “conceptos generadores” que llamaban y que se usaban mucho cuando eso, una idea abstracta, teórica, formal, que se usaba de punto de partida. Normalmente se escogía caprichosa o intuitivamente, yo decidí tomar dos, directamente de la fuente. Interpreté uno como femenino y otro como masculino. Los llamé principios creadores. El masculino era una tetractis, recién había salido su libro El tesaracto y la tetractis… y me maravilló todo lo pitagórico, todo lo simbólico de cada número, y cómo su sumatoria creaba una armonía perfecta, mágica. Vi el orden, el cálculo, la lógica, como un todo, una cosa completa, pero faltaba la fuerza que unía una parte con la otra, faltaba el movimiento, la vida, lo no racional, ¡la chispa! Y entonces vi en su obra a la Magnolia, esa gran flor, presentí lo que podía representar para él, era el espíritu de lo femenino, esto era más complicado de comprender, más etéreo, más libre, más fluido, más delicado. De alguna manera todo se juntó y todo iba cuadrando. Cada cosa que existía en esa escuela tenía que ver con sus obras, con sus prácticas, con sus métodos. Y quiero invitarlos a que nos demos un paseo por ese lugar a manera de visita guiada.

10 puntos, diez recintos, diez lugares, cada uno llenado por la actividad que simbólicamente le correspondía.

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Maqueta de la Posible Escuela del Profesor Briceño

 

Un eje norte–sur que recorre la figura de la tetractis por el medio, desde la base a la punta será nuestro referente. Eje que queda sobre una especie de lomo  que tiene el terreno y que conecta con las cuatro líneas por donde nos desplazaremos. Tenemos que mantener en mente la imagen de la tetractis vista desde arriba para no perdernos en la ubicación e interpretación de cada punto. Al entrar estaremos en la línea de abajo donde irían los números 7, 8, 9 y 10, la línea de los cuatro elementos. Bajando un poco, está un lugar techado pero abierto con forma octogonal que es donde se celebran las noches largas. En el centro de la gran mesa octogonal se hacen siempre fogatas, alrededor de la mesa hay gradas de roca talladas con motivos mayas, aquí habían estado leyendo el Popol-Vuh estos últimos meses… El punto 7 al extremo izquierdo, un anfiteatro construido sobre la parte más alta de todo el terreno, donde desde las gradas cavadas en la tierra y luego apisonadas podía uno ver en el escenario a El Danez y su grupo presentarse, pero solo en las noches más cálidas… Camilo dice que cuando era adolescente iba para ver a las chicas desnudas. Gabriel parece que va a montar algo para el profesor aquí pronto. Sentado en esas mismas gradas cuando uno se pierde en el pensamiento puede reconocer más atrás, al fondo, a la escuela como otro escenario más grande, y más allá la propia ciudad. Bajando del anfiteatro, pasando por el salón de las noches largas, y por donde entramos, seguimos desplazándonos en esta línea y encontramos una plaza con un obelisco estilizado, que alguien dijo que sirve de pararrayos, pero que es en realidad una reliquia que le consiguieron unos hermanos y la donaron al profesor para la escuela, rodeando el obelisco hay 9 nichos blancos vacíos, como si alguien se hubiese robado las esculturas que seguramente estuvieron allí alguna vez, solo quedaba una plaquita en cada uno que decía en griego el nombre de cada musa: Terpsícore, Melpómene, Calíope, Talía, Euterpe, Urania, Clío, Erato y Polimnia. Devolvámonos pues para seguir a la siguiente línea. ¿Y el diez?, preguntan. ¿Qué pasó? De ese no hablaremos todavía. Bien, retomemos el eje; esta es ya la segunda línea, la del 4, 5 y 6. Línea que representa los planos en los que se mueve el hombre. Terrenal, humano y divino. Estamos en el centro de todo el complejo, el punto 5, es una plaza que vista desde el aire es un ojo, que mira en todas direcciones, en el centro de la plaza hay una esfera en medio de un espejo de agua, se puede uno meter allí en la esfera, pero no es fácil, a los  hijos de algunos alumnos del profesor les gusta mucho para jugar a las escondidas. Alrededor de la plaza quedan unos apartamenticos donde viven los discípulos más dedicados, quizá Chema, Johan, Francisco, Duque y Angélica vivirían allí ahorita, son unos apartamentos que entre tantas otras cosas tienen sobre los dinteles de las ventanas calendarios interactivos lunares, astrológicos… Dejando los apartamentos atrás al pasar un puente, está la cocina, amplia  y acogedora,  también una lavandería comunal para los residentes, actividades todas terrenales, de mantenimiento, aseo y alimentación de lo físico, pues, según el profesor, para ser feliz se requiere de medio lechoncito al mes aunque Beba no aprueba. Regresandito a la plaza, mirando en la otra dirección, entrevemos, metida entre unos árboles tupidos, una plaza de forma hexagonal, allá a veces hacen taichí, a veces viene Manyunata a meditar allí, es un lugar especial no es el más popular, por lo general es el más solitario pero cuando por alguna razón uno sube hasta allá, porque no es un camino fácil, parece el  camino de Saorge, allí el que llega encuentra paz. Pero sigamos nuestro camino. ¿No se habían dado cuenta de que en la caminería, hacia acá, había paneles para exhibir los trabajos de los alumnos del profesor, los  que pintan? Hay algunas exhibiciones permanentes, una sección pequeña de la profesora Jaqueline… Este que está aquí lo estaba pintando ella el día en que se conocieron el profesor  y la profesora. Ya viene la tercera línea, la de la dualidad, aquí la primera vez que uno pasa y comprende, o incluso sin comprender, lo que significa, uno traga grueso, es la línea de los puntos 2 y 3, la del lleno y el vacío, aquí leyeron el Tao te Ching hace poco. Hacia la izquierda hay una entrada, se baja por unas escaleras muy empinadas es un lugar oscuro, en forma de caverna, aquí siempre hay gente sentada, algunos componiendo, otros simplemente esperando poder disfrutar de algún conciertico, pero tiene al final donde terminan las escaleras una especie de escenario y hay instrumentos musicales, Ricardo dio muchos conciertos aquí, Enrique viene seguidamente con sus amigos a tocar para el profesor.  De vez en cuando vienen amigos de Ricardo o del profesor  a tocar. Muchos viene cada tanto a practicar aquí, es un lugar con acústica perfecta, escondido y desapercibido… Hacia  el lado contrario de la entrada a la caverna, a la derecha hay unas escaleras bellísimas, de coral o granito pulido, que terminan donde hay una especie de fuente como de agua estancada, quizá un tanque de agua abandonado o al que no le hicieron mantenimiento, está lleno de lotos o lirios de agua que sembró la Sra. Luisa, siempre se ve a la gente leyendo o declamando de memoria los poemas que seguramente el profesor  los pondrá a recitar frente a todos en el momento menos esperado. Pero bueno ahora sí, llegamos al llegadero, a la razón de ser de todo lo otro que hemos visto, llegamos al 1: a la sabiduría. A la escuela misma, dicen que aquí el profesor  vive por tiempos, pero nadie está seguro. Por un ladito siempre ve uno gente esperando una cita con el profesor  para consultarle sus problemas esperando algún consejo que él generosamente concede. Beba está pendiente, regañándolo siempre por no descansar lo suficiente. Allí tiene su estudio, parece que hay unos pasadizos secretos que le permiten entrar a los salones sin que lo puedan ver venir o salir. Pero sigamos a la escuela, aquí hay cuatro salones y una biblioteca, unidos por un gran patio interno de techo abovedado que tiene en el centro un gigantesco árbol de Magnolia, todos los otros que tienen sembrados sus alumnos y amigos en sus casas son hijitos de este. El salón de mitología, este es muy extraño, es semi abierto, parece una edificación abandonada, llena de musgo y matas, hay mucho eco, a Sebastián y Ricardito Zambrano les encanta jugar con el eco, no hay mesas como tal, solo unas piedras grandes al pasar un riachuelito donde se sientan todos. El salón de literatura es súper iluminado, tiene una luz intensa pero difuminada, tiene piso de mármol blanco y rosado, unas sillas muy cómodas alrededor de una mesa que tiene en el centro muchas flores, a veces parece que Anna María vive allí. El salón de filosofía tiene unas ventanitas pequeñitas, lo que hace un efecto de puntos o manchas de luz en todo el espacio, pero cuando se entra a esas clases la gente tarda mucho en salir, sobre todo si el profesor  Lionel lo invita a uno a leer la Crítica de la razón pura, ¡se lee más o menos un párrafo diario!… y las sillas de las mesitas no son tan cómodas… Está, por último, el salón de lenguaje; es el más sencillo, pero es donde el profesor  se siente más cómodo, dicen que es una reproducción de un apartamento en las residencias Los Caciques, donde el profesor,  por muchos años, dio clases. Se trajeron todo, hasta unas persianitas roticas color verde claro. Desde ese salón salen cada día alumnos en una especie de ritual que el profesor  manda a la gente a hacer por un caminito que comienza en donde está la magnolia, el caminito es una especia de espiral, que pasa por todo el patio central, hasta que sale y bordea la biblioteca y la escuela hasta regresar al salón, el caminito este contiene divididos en grupos de  24, 22 y 27 placas, representando alfabetos y el alefato que se tienen que aprender para las lecciones de griego, hebreo y sánscrito. Uno sabe qué tan avanzado va cada uno de acuerdo a lo rápido que van caminando. En el espacio entre un salón y otro hay unos relojes solares grandísimos, uno está rodeado de agua, al parecer había una naciente allí, es el agua que pasa por el salón de mitología. La biblioteca cuenta con colecciones completas y extraordinarias, bibliotecas que le donaron sus antiguos alumnos, maestros, amigos, la universidad, la más reciente donación fue la de Osmán, todavía no se ha logrado hacer inventario completo de lo que donó. Dicen que un día Lantieri quiso regalarlos todos, una cosa que él dijo que había aprendido que se llamaba liberar los libros, pero Gregorio y Orángel no lo dejaron. La biblioteca tiene dos pisos, en forma de observatorio es toda de vidrio, con paneles internos que se pueden programar de acuerdo a la cantidad de luz u oscuridad que se necesite. El piso de arriba es súper cómodo, alfombrado, con puffs y sofás comodísimos, aquí en los últimos años al profesor  le ha dado por ver películas, César Lucena le trae cine de todas partes del mundo, de vez en cuando uno ve gente durmiendo una siestita, en el piso de abajo en cambio todo es disciplina y seriedad… Allí es donde por horas y horas se ven a los más duros de verdad, estudiando. Dicen que Natalia Pedrique en su época casi no salía de aquí. Pero miren la hora queridos, se nos hace tarde, y el camino desde Alto Viento a Mérida es peligroso, hay que ir regresando ya. Vamos ya saliendito, retirándonos en orden, como diría el profesor. Pasamos los árboles de la entrada, los escogió Juan Carlos,  son como un umbral. Seguidamente se montan todos en el carro. Quisieran vivir allí, ¿verdad? Ya alejándose se ven los senderos alrededor de todo el conjunto, parecen infinitas las rutas posibles, por allí es donde el profesor  hace sus caminatas matutinas, con sus respetivas paradas contemplativas. Encaramado en aquel árbol de frutas esta Freddy comiendo y bajando otras para darle al profesor…

Hay un silencio y de repente se dan cuenta de que justo donde están es donde correspondería que estuviera el número 10, es decir la sumatoria de todos los puntos, y comprenden por qué no es material… sería difícil que lo fuera… para cada uno significa algo diferente. El 10 es una edificación, un recinto que se construye por dentro de uno… que no sea material es una especie de garantía de que la búsqueda no termina, de que es infinita. Es como dijeron ayer unos señores haciendo una cadena: ¡la cadena se rompió!,  buscando como reconectarla nos pasaremos el resto de nuestros días…
04.11.2014

Briceño-Guerrero-entró-en-un-laberinto-para-conocer-a-Dios-en-su-último-libro

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